Ya
iniciado un nuevo siglo (XVII), la Guerra de Arauco lleva 50 años en un proceso
que durará muchos años más. Hasta este punto podríamos decir que Chile era otro
territorio incorporado a la corona española.
En
Chile, durante el siglo XVII no solo existieron invasores y defensores; durante
este siglo es cuando comienza un proceso nuevo, donde encontramos los primeros
indicios de una sociedad mestiza, racial y culturalmente mezclada, la que no
deja de tener su sello más marcado en lo hispánico que en lo indígena,
subvalorando el aporte autóctono de la época.
La
religión para el español consiste en una profunda fe en Dios, en el dogma
católico y una especial devoción hacia la
Virgen María, lo cual guio el espíritu de la corona española, del
conquistador y del criollo. Por consiguiente, desde la llegada del español a
América y su posterior arribo a territorio chileno, se inicia,
paralelamente a la dominación militar,
un proceso de evangelización destinado a la conquista religiosa de los pueblos.
La evangelización corresponde a un proceso iniciado a principios del contacto
en el siglo XVI, que durante el siglo XVII logra tener mayor fuerza. En toda la
conquista americana y desde un principio junto a la conquista bélica aparecía
aquella "conquista espiritual". El pueblo mapuche no estuvo ajeno a
esta situación, así, durante el siglo XVI los mapuches vivieron la denominada
evangelización, la cual se desarrolló con la instalación de las instituciones
del poder colonial en su territorio. Esta etapa se basó en obligar a los
mapuches al bautismo, haciéndolos renunciar a su propia formación religiosa, lo
que significaba:
"... el abandono de sus divinidades, repulsa de
sus hechiceros y fuentes de poder, así como la adaptación a una normativa y
ética de las 'buenas costumbres" relativas a sus relaciones con la
autoridad (española), familia y consigo mismo". (Foerster, 1993, p. 34).
Tal
como se ha mencionado, desde los primeros años de la conquista y durante todo
el siglo XVI se va dando un proceso en el cual, por imposición, el mapuche es
llevado a adquirir la cultura y religión oficial de la corona, no obstante,
esto no sucede de manera sencilla, ya que existió una importante resistencia por
parte del mapuche a la dominación española y a la evangelización, la cual se
fue desarrollando en lo que llamamos “Guerra de Arauco” y que fue evolucionando
en diferentes fases, en las cuales se fue generando un mestizaje forzado hasta
llegar al nacimiento de un sincretismo entre ambas culturas. El proceso de
mestizaje no se dio en un solo sentido, Osvaldo Silva lo describe a través de
etapas a las que denomina mestizaje al derecho y al revés.
“…La resistencia en los valles de Aconcagua y Mapocho
había disminuido y con ello debió comenzar el "mestizaje al derecho",
es decir, de padres europeos y madres nativo…” (1992, p. 116)
Y con respecto a ello agrega:
“…Los hijos de españoles e indígenas durante el siglo
XVI aparecen, en su mayoría, adaptados e incorporados al modo de vida del
conquistador. Tanto que cuando se les capturaba eran rescatados por mujeres
robadas a los "indios de paz" o "amigos”…” (Ibídem, p. 118)
En el
caso del mestizaje al revés Osvaldo Silva, hace referencia a que con el
levantamiento indígena en la región del Biobío y con el abandono de sus
ciudades y posterior muerte de Oñez de Loyola, los indígenas se vieron
abastecidos de un gran botín de prisioneros españoles.
“…Cientos de
prisioneros cayeron en sus manos, principalmente mujeres de toda condición y
estado civil. Fueron trasladadas a las tierras de los múltiples linajes y
repartidas en calidad de criadas, concubinas y esposas. Así comenzó el
mestizaje al revés…” (Ibídem, 1992, p. 121)
Osvaldo
Silva además señala que dentro de este mestizaje al revés, también se dio una
suerte de mestizaje al derecho, donde los españoles que se hallaban cautivos en
manos mapuches se emparejaban con mujeres nativas, especialmente en momentos de
fiesta y relajo.
“Pero este mestizaje también transculturó a ciertos
españoles. Los transformó en indígenas hasta tal punto que llegaron a olvidar
su lengua, costumbres y religión” (Ibídem, 1992, p. 123)
Hacia
fines del siglo XVI la guerra se torna más sangrienta y el español debe
retroceder estratégicamente para conservar su dominio, razón por la cual, se
establece a inicios del siglo XVII la frontera natural del Biobío como el
límite que divide la colonia española del territorio puramente mapuche. En este
punto, superadas las fases de mestizaje al derecho y al revés, se inicia una nueva etapa en las relaciones
entre españoles y mapuches, a partir de la cual, el desarrollo de una vida
fronteriza permitió no solo la trasmisión vertical de una cultura a otra, sino
que se dio paso también a la creación de una nueva sociedad, que surge de la
experiencia en la frontera, del intercambio comercial, espiritual y cultural,
en el que va surgiendo una nueva institucionalidad. Si bien, este proceso no es
inmediato al establecimiento de la frontera, ya avanzado el siglo XVII es
posible distinguir una verdadera nueva formación, un sincretismo cultural que
recoge elementos propios del mapuche y los incorpora a aquellos que son
característicos del español.
Durante
el transcurso de la vida fronteriza en el Biobío el comercio e intercambio
cultural se desarrolla en su plenitud.
Al
mismo tiempo que se va desarrollando el sincretismo, un cierto segmento de la
sociedad mapuche y también española va quedando al margen de ambas, quedándose
en lo más bajo de la escala social de cada cultura, marginándose de los
beneficios que reporta pertenecer a una u otra etnia, con lo que nace una nueva
figura, intermedia entre el mapuche y el español, que no pertenece a ninguno de
ellos ni tampoco a otra cultura, que surge del desarraigo y deambula en la
frontera. Este es el personaje que Osvaldo Silva define como el Vagabundo, que
como bien veremos más tarde, se encuentra en la base de la cultura mestiza
chilena.
“…La frontera es dominio del desarraigo, sinónimo de
desenraizado, del que carece de identidad cultural porque ha abandonado las
formas de vida propias a las etnias limítrofes, para adoptar una marginal a
ellas…” (Ibídem, 1992, p. 25)
También
Mario Góngora en su trabajo “Vagabundaje y sociedad
fronteriza en Chile, 1966” hace
referencia a esto, como un vagabundaje social, pero Góngora también explica que
el vagabundaje va evolucionando respecto a las necesidades, es así como muchas veces es asimilado el vagabundaje con
el Salteador y el Bandolero “…El
vagabundaje está íntimamente ligado también al delito de salteo o bandolerismo
que se hace endémico, a fines de siglo en parajes como los Cerrillos de Teno o
la Isla de Maule, pero el salteador es una figura que puede en general
diferenciarse de la del vagabundo, Este último está más cerca de la vida
ordinaria, no tiene la violenta caracterización del salteador, pero, como la
principal fuente para rastrear históricamente el vagabundaje son los documentos
judiciales, ambos fenómenos se nos presentan en conjunción, aun cuando muchas
veces el vagabundo no ha cometido otros delitos…” (1966, p. 28)
La
identidad del pueblo Mapuche y su cultura ésta sumamente ligada a su identidad
religiosa “…Posiblemente en Chile Sean pocos los grupos o sectores que
manifiesten con tanta claridad como los mapuches, que su identidad, su ser
(inseparable de las condiciones de vida: de la tierra (MAPU), los animales, la
naturaleza), se liga, hasta confundirse, con lo sagrado (las divinidades, los
antepasados)…” (Foerster 1993, p. 11)
En su
obra, el mismo autor, haciendo referencia a un artículo publicado por Faron, no
obstante señala la manera en que, pese al arraigo de la religión en la cultura
mapuche, se fue dando un tipo de sincretismo con el transcurso del contacto
entre el mundo mapuche y el cristianismo.
“Sin embargo, en otro artículo, este mismo autor
describió un fenómeno no captado, a esa fecha, por los antropólogos y que a
nuestro modo de ver podría revelar la existencia de cambios profundos en la
religiosidad mapuche. El párrafo en cuestión es el siguiente: “...se ha
producido o un rechazo profundo (del cristianismo) o una yuxtaposición bastante
bastarda de elementos de ambas religiones, o un complejo de reniego de la
cultura religiosa propia para tentar de adoptar, bastante mal por lo demás, una
religión no siempre bien comprendida”. (Ibídem, p. 120)
En
relación al modo en que se dio la mixtura de elementos religiosos propios del
mundo mapuche y del mundo hispano – cristiano, Foerster nos ilustra algunos
ejemplos que grafican esta combinación, que dieron pie a nuevas formas
religiosas y culturales, a partir de la asimilación de elementos comunes y
similares entre ambas religiones.
“En este punto no dejan de ser interesantes las
equivalencias que los mapuches
establecen entre sus creencias y prácticas religiosas con las del
cristianismo. Demos algunos ejemplos:
Dios = NGENECHEN
Virgen María = NGENECHEN KUSHE
Santos y El Papa = Antepasados
diluvio = TREN-TREN
diablo = WEKUFE
misa = NGUILLATUN
bautismo = LAKUTUN
Nos parece que estas equivalencias les han servido a
los mapuches para demostrar así mismos y a los otros (huincas)- que las
diferencias existentes entre la expresión religiosa huinca y mapuche son sólo
formales y no de contenido” (Ibídem, p. 121)
En
conclusión, la vida fronteriza da origen a un sincretismo en donde se ven
extrapoladas tanto la cultura española como la mapuche, junto con sus creencias
y formas de vida.
Es así
como hoy en día encontramos diferentes fiestas, ceremonias, música,
divinidades, alimentos, etc, que reflejan
el choque de estas dos culturas y expresan a través de dichas
manifestaciones la nueva religiosidad surgida.
Así,
debemos tener en cuenta que, aunque no todas las manifestaciones sincréticas de
la cultura chilena nacen en la frontera del Biobío, sí lo hacen al menos en
otros puntos fronterizos, entendiendo por frontera el territorio que se
encuentra entre dos mundos opuestos y donde estos se encuentran dando paso a lo
nuevo. Así, tenemos muestras de un sincretismo cultural en otras zonas del país,
donde la mezcla hispano-mapuche se ve añadida por otras combinaciones
culturales, que abordan desde la cultura gastronómica de los pueblos en
encuentro, hasta llegar a los aspectos más puramente culturales o religiosos;
que fusionan elementos del mundo indígena, del mundo hispano, del mundo
africano, y más, como por ejemplo, la cueca chilena, cuyas raíces funden
elementos de la cultura africana, al igual que otras fiestas religiosas en
diversas zonas del país, como el caso de la tan popular fiesta de la tirana en
el norte de Chile, la fiesta de cuasimodo en la zona central de país o en la
zona sur la fiesta de San Sebastián, de Jesús de Nazareno de Caguach.


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