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lunes, 15 de diciembre de 2014

Sincretismo cultural; la religiosidad popular y las creencias de ambos pueblos

Ya iniciado un nuevo siglo (XVII), la Guerra de Arauco lleva 50 años en un proceso que durará muchos años más. Hasta este punto podríamos decir que Chile era otro territorio incorporado a la corona española.
En Chile, durante el siglo XVII no solo existieron invasores y defensores; durante este siglo es cuando comienza un proceso nuevo, donde encontramos los primeros indicios de una sociedad mestiza, racial y culturalmente mezclada, la que no deja de tener su sello más marcado en lo hispánico que en lo indígena, subvalorando el aporte autóctono de la época.
La religión para el español consiste en una profunda fe en Dios, en el dogma católico y una especial devoción hacia la  Virgen María, lo cual guio el espíritu de la corona española, del conquistador y del criollo. Por consiguiente, desde la llegada del español a América y su posterior arribo a territorio chileno, se inicia, paralelamente  a la dominación militar, un proceso de evangelización destinado a la conquista religiosa de los pueblos. La evangelización corresponde a un proceso iniciado a principios del contacto en el siglo XVI, que durante el siglo XVII logra tener mayor fuerza. En toda la conquista americana y desde un principio junto a la conquista bélica aparecía aquella "conquista espiritual". El pueblo mapuche no estuvo ajeno a esta situación, así, durante el siglo XVI los mapuches vivieron la denominada evangelización, la cual se desarrolló con la instalación de las instituciones del poder colonial en su territorio. Esta etapa se basó en obligar a los mapuches al bautismo, haciéndolos renunciar a su propia formación religiosa, lo que significaba:

"... el abandono de sus divinidades, repulsa de sus hechiceros y fuentes de poder, así como la adaptación a una normativa y ética de las 'buenas costumbres" relativas a sus relaciones con la autoridad (española), familia y consigo mismo". (Foerster, 1993, p. 34).

Tal como se ha mencionado, desde los primeros años de la conquista y durante todo el siglo XVI se va dando un proceso en el cual, por imposición, el mapuche es llevado a adquirir la cultura y religión oficial de la corona, no obstante, esto no sucede de manera sencilla, ya que existió una importante resistencia por parte del mapuche a la dominación española y a la evangelización, la cual se fue desarrollando en lo que llamamos “Guerra de Arauco” y que fue evolucionando en diferentes fases, en las cuales se fue generando un mestizaje forzado hasta llegar al nacimiento de un sincretismo entre ambas culturas. El proceso de mestizaje no se dio en un solo sentido, Osvaldo Silva lo describe a través de etapas a las que denomina mestizaje al derecho y al revés.

“…La resistencia en los valles de Aconcagua y Mapocho había disminuido y con ello debió comenzar el "mestizaje al derecho", es decir, de padres europeos y madres nativo…” (1992, p. 116)

Y con respecto a ello agrega:

“…Los hijos de españoles e indígenas durante el siglo XVI aparecen, en su mayoría, adaptados e incorporados al modo de vida del conquistador. Tanto que cuando se les capturaba eran rescatados por mujeres robadas a los "indios de paz" o "amigos”…” (Ibídem, p. 118)

En el caso del mestizaje al revés Osvaldo Silva, hace referencia a que con el levantamiento indígena en la región del Biobío y con el abandono de sus ciudades y posterior muerte de Oñez de Loyola, los indígenas se vieron abastecidos de un gran botín de prisioneros españoles.

 “…Cientos de prisioneros cayeron en sus manos, principalmente mujeres de toda condición y estado civil. Fueron trasladadas a las tierras de los múltiples linajes y repartidas en calidad de criadas, concubinas y esposas. Así comenzó el mestizaje al revés…” (Ibídem, 1992, p. 121)

Osvaldo Silva además señala que dentro de este mestizaje al revés, también se dio una suerte de mestizaje al derecho, donde los españoles que se hallaban cautivos en manos mapuches se emparejaban con mujeres nativas, especialmente en momentos de fiesta y relajo.

“Pero este mestizaje también transculturó a ciertos españoles. Los transformó en indígenas hasta tal punto que llegaron a olvidar su lengua, costumbres y religión” (Ibídem, 1992, p. 123)

Hacia fines del siglo XVI la guerra se torna más sangrienta y el español debe retroceder estratégicamente para conservar su dominio, razón por la cual, se establece a inicios del siglo XVII la frontera natural del Biobío como el límite que divide la colonia española del territorio puramente mapuche. En este punto, superadas las fases de mestizaje al derecho y al revés,  se inicia una nueva etapa en las relaciones entre españoles y mapuches, a partir de la cual, el desarrollo de una vida fronteriza permitió no solo la trasmisión vertical de una cultura a otra, sino que se dio paso también a la creación de una nueva sociedad, que surge de la experiencia en la frontera, del intercambio comercial, espiritual y cultural, en el que va surgiendo una nueva institucionalidad. Si bien, este proceso no es inmediato al establecimiento de la frontera, ya avanzado el siglo XVII es posible distinguir una verdadera nueva formación, un sincretismo cultural que recoge elementos propios del mapuche y los incorpora a aquellos que son característicos del español.
Durante el transcurso de la vida fronteriza en el Biobío el comercio e intercambio cultural se desarrolla en su plenitud.

Al mismo tiempo que se va desarrollando el sincretismo, un cierto segmento de la sociedad mapuche y también española va quedando al margen de ambas, quedándose en lo más bajo de la escala social de cada cultura, marginándose de los beneficios que reporta pertenecer a una u otra etnia, con lo que nace una nueva figura, intermedia entre el mapuche y el español, que no pertenece a ninguno de ellos ni tampoco a otra cultura, que surge del desarraigo y deambula en la frontera. Este es el personaje que Osvaldo Silva define como el Vagabundo, que como bien veremos más tarde, se encuentra en la base de la cultura mestiza chilena.

“…La frontera es dominio del desarraigo, sinónimo de desenraizado, del que carece de identidad cultural porque ha abandonado las formas de vida propias a las etnias limítrofes, para adoptar una marginal a ellas…”  (Ibídem, 1992, p. 25)

También Mario Góngora en su trabajo “Vagabundaje y sociedad fronteriza en Chile, 1966” hace referencia a esto, como un vagabundaje social, pero Góngora también explica que el vagabundaje va evolucionando respecto a las necesidades, es así como  muchas veces es asimilado el vagabundaje con el Salteador y el Bandolero “…El vagabundaje está íntimamente ligado también al delito de salteo o bandolerismo que se hace endémico, a fines de siglo en parajes como los Cerrillos de Teno o la Isla de Maule, pero el salteador es una figura que puede en general diferenciarse de la del vagabundo, Este último está más cerca de la vida ordinaria, no tiene la violenta caracterización del salteador, pero, como la principal fuente para rastrear históricamente el vagabundaje son los documentos judiciales, ambos fenómenos se nos presentan en conjunción, aun cuando muchas veces el vagabundo no ha cometido otros delitos…” (1966, p. 28)

La identidad del pueblo Mapuche y su cultura ésta sumamente ligada a su identidad religiosa  “…Posiblemente en Chile Sean pocos los grupos o sectores que manifiesten con tanta claridad como los mapuches, que su identidad, su ser (inseparable de las condiciones de vida: de la tierra (MAPU), los animales, la naturaleza), se liga, hasta confundirse, con lo sagrado (las divinidades, los antepasados)…” (Foerster 1993, p. 11)

En su obra, el mismo autor, haciendo referencia a un artículo publicado por Faron, no obstante señala la manera en que, pese al arraigo de la religión en la cultura mapuche, se fue dando un tipo de sincretismo con el transcurso del contacto entre el mundo mapuche y el cristianismo.

“Sin embargo, en otro artículo, este mismo autor describió un fenómeno no captado, a esa fecha, por los antropólogos y que a nuestro modo de ver podría revelar la existencia de cambios profundos en la religiosidad mapuche. El párrafo en cuestión es el siguiente: “...se ha producido o un rechazo profundo (del cristianismo) o una yuxtaposición bastante bastarda de elementos de ambas religiones, o un complejo de reniego de la cultura religiosa propia para tentar de adoptar, bastante mal por lo demás, una religión no siempre bien comprendida”. (Ibídem, p. 120)

En relación al modo en que se dio la mixtura de elementos religiosos propios del mundo mapuche y del mundo hispano – cristiano, Foerster nos ilustra algunos ejemplos que grafican esta combinación, que dieron pie a nuevas formas religiosas y culturales, a partir de la asimilación de elementos comunes y similares entre ambas religiones.

“En este punto no dejan de ser interesantes las equivalencias que los mapuches  establecen entre sus creencias y prácticas religiosas con las del cristianismo. Demos algunos ejemplos:
Dios = NGENECHEN
Virgen María = NGENECHEN KUSHE
Santos y El Papa = Antepasados
diluvio = TREN-TREN
diablo = WEKUFE
misa = NGUILLATUN
bautismo = LAKUTUN
Nos parece que estas equivalencias les han servido a los mapuches para demostrar así mismos y a los otros (huincas)- que las diferencias existentes entre la expresión religiosa huinca y mapuche son sólo formales y no de contenido” (Ibídem, p. 121)

En conclusión, la vida fronteriza da origen a un sincretismo en donde se ven extrapoladas tanto la cultura española como la mapuche, junto con sus creencias y formas de vida.
Es así como hoy en día encontramos diferentes fiestas, ceremonias, música, divinidades, alimentos, etc, que reflejan  el choque de estas dos culturas y expresan a través de dichas manifestaciones la nueva religiosidad surgida.
Así, debemos tener en cuenta que, aunque no todas las manifestaciones sincréticas de la cultura chilena nacen en la frontera del Biobío, sí lo hacen al menos en otros puntos fronterizos, entendiendo por frontera el territorio que se encuentra entre dos mundos opuestos y donde estos se encuentran dando paso a lo nuevo. Así, tenemos muestras de un sincretismo cultural en otras zonas del país, donde la mezcla hispano-mapuche se ve añadida por otras combinaciones culturales, que abordan desde la cultura gastronómica de los pueblos en encuentro, hasta llegar a los aspectos más puramente culturales o religiosos; que fusionan elementos del mundo indígena, del mundo hispano, del mundo africano, y más, como por ejemplo, la cueca chilena, cuyas raíces funden elementos de la cultura africana, al igual que otras fiestas religiosas en diversas zonas del país, como el caso de la tan popular fiesta de la tirana en el norte de Chile, la fiesta de cuasimodo en la zona central de país o en la zona sur la fiesta de San Sebastián, de Jesús de Nazareno de Caguach.

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